Raudo y veloz, corría por la calles desesperadas, como el flujo sanguíneo bombeando sudor con olor a pólvora recién explotada… las piernas taladraban los espacios llenos, y entre empujones y choques, justificaba el malsonante balbuceo de la prisa… -No lo voy a lograr, no lo voy a lograr- y los flashes, relámpagos mentales volvían a doler entre los párpados y frente… buscaba la dirección mental, pero poco a poco iba reemplazando esos espacios con otros del pasado… -mi madre… mi hermana… la calle, los vecinos- y luego a… ahhh! las voces otra vez capturaban la estética del momento -ahhh, no puedooo!- corría y corría y sus plantas temblaban, las pantorrillas parecían ya cortarse y romperse, dejando vestigios de que algún trauma se había reventado en ese lugar… -debo hacerlo, debo llegar…- pero… -ahhh, mis hijos… mis niños… pequeños… dónde quedaron, dónde están?-
A pocas cuadras, el correr parecía impávido… la exhalación no era más que un suspiro inocente, como el bostezo de un bebé dormido, no podía más, no daba más. Faltaban sólo metros, pero la mente ya comenzaba a dar indicios de que la humanidad aún seguía allí, era su piel, era su carne, incluso era el metal que componía esa mutación en vida y cuerpo, pero seguí allí y esos recuerdos la revivían , afloraban como pequeños globos llenos de helio, volaban y deambulaban, ahora libres -era padre y no lo recordaba, era esposo e hijo…- pero nada de esto le servía a la Corporación, nada de esto servía para sus planes…
Llegaba al frontis, dónde se vislumbraba el complejo sistema de alineación mental, ya lo esperaban, así como siempre esperaban darle refugio a los desalineados, pero algo ya había fallado y la calma de sus pasos daban veracidad de ello.
Que hermosos recuerdos guardaba, pero vivir en nostalgia era tan peligroso como ir a la guerra, nunca sabrás si sobrevivirás o en qué condiciones quedarás.